Mi primavera lectora: los libros, lugares y pequeños descubrimientos que hicieron especial esta estación
Cada cambio de estación me gusta hacer una pausa y mirar atrás. No para contar cuántos libros he leído ni cuántas películas he visto, sino para recordar qué momentos han conseguido quedarse conmigo.
Esta primavera ha sido curiosa porque, si me hubiera preguntado hace unas semanas cómo había ido, probablemente habría respondido que había leído poco. Muy poco, de hecho. Abril fue uno de esos meses en los que los libros se quedaron cerrados sobre la mesilla y la culpa empezó a hacer acto de presencia.
Pero cuando me senté a preparar este resumen me di cuenta de algo.
No había sido una mala primavera.
Simplemente había sido distinta.
Y quizá ahí está precisamente su valor.
A veces leer menos no significa vivir menos
Creo que muchos lectores caemos alguna vez en la trampa de medir nuestra vida lectora únicamente por la cantidad de libros terminados.
Cinco libros.
Tres libros.
Quince libros.
Como si el número pudiera resumir lo que hemos vivido durante varios meses.
Sin embargo, esta primavera me ha recordado que una buena etapa no siempre es aquella en la que más lees. A veces es aquella en la que un solo libro consigue quedarse contigo durante semanas.
O aquella en la que descubres un lugar que llevabas años soñando visitar.
O incluso aquella en la que recuperas el placer de escribir despacio.
Los dos libros que más me acompañaron
Comerás flores, de Lucía Soya
Llegué a esta novela con muchísimo miedo.
Había escuchado hablar de ella tantas veces que las expectativas estaban por las nubes. Normalmente eso suele jugar en contra de cualquier libro. Cuanto más esperamos de una historia, más fácil resulta salir decepcionados.
Sin embargo, ocurrió justo lo contrario.
Los primeros capítulos me descolocaron bastante. La forma de narrar obliga al lector a reconstruir poco a poco la historia mezclando presente, pasado y emociones. No es una lectura inmediata.
Pero cuando consigues entrar en su ritmo, cuesta muchísimo salir.
Es uno de esos libros que no necesitas devorar rápidamente porque lo que realmente quieres es seguir viviendo dentro de él un poco más.
El plan maestro, de Javier Sierra
Si disfrutas del arte y de los misterios históricos, este libro probablemente consiga atraparte.
No es una novela para leer deprisa.
Cada capítulo invita a detenerse, investigar y observar cuadros, símbolos e historias desde otra perspectiva.
Más que una novela, sentí que era una invitación constante a mirar el mundo con más curiosidad.
Y quizá esa sea precisamente la mejor definición del libro.
La única película que consiguió hacerse un hueco
No ha sido una primavera especialmente cinéfila.
La única película que realmente recuerdo haber visto ha sido la tercera entrega de Enola Holmes.
Me entretuvo.
Cumple con lo que promete.
Pero sigo pensando que la primera película continúa siendo la mejor de la trilogía.
Hay historias que funcionan perfectamente una vez y otras que necesitan encontrar nuevas formas de sorprendernos para justificar una continuación.
Dos aplicaciones que quiero seguir explorando
Más que descubrir grandes aplicaciones, esta primavera ha sido un momento para buscar herramientas que mejoren mi forma de leer y escribir.
Substack
Llevaba tiempo queriendo probar esta plataforma.
Me gusta la idea de recuperar una forma de leer más pausada, donde los artículos tengan más importancia que el algoritmo.
Todavía estoy descubriendo cómo funciona, pero creo que puede convertirse en un espacio muy interesante para encontrar autores y reflexiones que normalmente pasarían desapercibidas en otras redes sociales.
Cursively
Otra pequeña sorpresa ha sido Cursively.
Uso muchísimo el iPad para tomar apuntes y escribir, pero me di cuenta de que mi letra había empeorado bastante respecto al papel.
Esta aplicación propone algo muy sencillo: volver a practicar la escritura desde el principio.
Trazos.
Líneas.
Curvas.
Como cuando aprendíamos a escribir en el colegio.
Y, sorprendentemente, funciona.
El lugar que llevaba años queriendo visitar
Si tuviera que elegir un único recuerdo de esta primavera, probablemente sería mi visita a Urueña.
Conocida como la Villa del Libro, llevaba muchísimo tiempo en mi lista de lugares pendientes.
Y no decepcionó.
Cada librería tiene una personalidad completamente distinta. Algunas están especializadas en literatura japonesa, otras en fantasía, otras en libros antiguos o de segunda mano.
Es uno de esos lugares donde el tiempo parece detenerse.
Entrar en una librería lleva inevitablemente a querer entrar en la siguiente.
Y cuando te quieres dar cuenta, han pasado varias horas.
Volví a casa con menos espacio en la cartera, pero con muchas más ganas de seguir leyendo.
Quizá las mejores estaciones no son las más productivas
Preparando este artículo comprendí algo que probablemente también me sirva para los próximos meses.
No quiero medir mis estaciones únicamente por los libros terminados.
Quiero recordarlas por las historias que me acompañaron.
Por los lugares que descubrí.
Por las conversaciones que nacieron gracias a una lectura.
Y por esos pequeños momentos que, sin hacer mucho ruido, terminan convirtiéndose en los que más recordamos.
Porque al final una vida lectora no se construye únicamente pasando páginas.
También se construye viviendo todo aquello que los libros nos animan a descubrir.
¿Y tú?
Ahora me gustaría saber cómo ha sido tu primavera.
¿Has descubierto algún libro que recomendarías sin dudar?
¿Has visitado algún lugar relacionado con la lectura?
¿O simplemente ha habido un pequeño momento que haya hecho especiales estos últimos meses?
Te leo en los comentarios.
Sigue viendo
Si prefieres acompañarme en formato vídeo, puedes ver aquí el vlog completo donde comparto todas estas recomendaciones y mi visita a Urueña.



0 Toques de color