No os voy a mentir: en algún momento del proceso dejó de ser relajante y empezó a ser un ejercicio de paciencia bastante exigente. Piezas que había que limar para que encajaran. Otras tan sensibles que se rompían solo con la presión necesaria para colocarlas. Un manual de 104 pasos que, cuando llevas 50, sigue pareciendo que te queda todo por hacer.
Lo que más me quedo no es el resultado final, que ha quedado precioso. Es darme cuenta de que el "esto se supone que es para divertirse, no para estresarse" no siempre se cumple a la primera — a veces el disfrute llega después, cuando ya has aceptado que vas a romper algo, que vas a tardar más de lo previsto, y que aun así merece la pena terminarlo.
¿Tenéis algún proyecto o hobby que empezó siendo relajante y se convirtió en un reto de paciencia?

