A veces las lecturas te llegan cuando tienen que llegar
Esta semana no salió como la había planeado, y creo que ha sido mejor así. Entre la Feria del Libro de Burgos, la organización de mis lecturas de verano y una escapada inesperada a un pueblo hecho enteramente de librerías, he vuelto a comprobar algo en lo que cada vez creo más: los libros llegan cuando tienen que llegar, no cuando los planeamos.
La Feria del Libro de Burgos
Como colaboradora de la feria este año, tuve un cheque de 70 euros para gastar en libros — y lo agoté sin remordimientos. Entre las novedades que me llevé está La Cámara de las Maravillas, de María Oruña, con quien había dejado la relación un poco pausada tras un libro anterior que no me terminó de encajar. También completé mi colección de clásicos de Austral y sumé algún ejemplar más a mi colección de Agatha Christie de Editorial Molino — esos que ya no se pueden pedir nuevos porque están descatalogados.
Organizar el verano sin idealizarlo
Para julio me he programado cuatro lecturas, dos en físico y dos en digital, dividiendo según el peso que quiera cargar según el plan del día. En físico van los dos primeros libros de la saga Los crímenes de Müller; en digital, dos autoras nuevas para mí que llevaba tiempo queriendo probar. Nada de listas imposibles — solo lo que de verdad me apetece sostener entre las manos esta temporada.
El libro que no buscaba
Y luego pasó lo que no tenía anotado en ningún plan: con tres cuartos de hora libres antes de un recado, entré a curiosear en una librería sin intención de comprar nada. Salí con 84 Charing Cross Road, un libro que me habían recomendado hace dos años en un club de lectura y que había quedado en algún rincón de mi memoria. Me lo leí casi entero esa misma tarde, en una terraza, riendo sola como una loca frente a gente que probablemente pensó que me había vuelto majareta. Terminarlo esa misma noche confirmó lo que ya sospechaba: es un libro para adorar los libros.
Urueña, el pueblo de las librerías
La sorpresa mayor de la semana llegó por la tarde: Urueña, un pueblo pequeño donde cada librería está especializada en un tipo distinto de literatura — japonesa, caligrafía, fotografía y viajes, segunda mano, fantasía ambientada al estilo Harry Potter con su propia "mazmorra" en construcción. Llegamos un miércoles a última hora, así que no todas estaban abiertas, pero lo suficiente como para volver con dos bolsas cargadas de libros y unas ganas enormes de repetir en agosto, cuando esté todo montado.
Cada semana empezamos una nueva página en blanco. Esta ha sido, sin lugar a dudas, una de las mejores.

